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Octubre 24, 2010

7 lecciones aprendidas en el viaje de la innovación en management

Continuando con el post de ayer, "La innovación en los hospitales - Es la hora de la innovación en management", aquí van las lecciones aprendidas en la experiencia del Hospital Sant Joan de Déu.

¿Cuáles han sido las lecciones aprendidas en este viaje de la innovación?

Lección aprendida #1: el punto de partida ha de ser las necesidades reales no satisfechas
Hay que observar y escuchar: es la única forma de identificar necesidades no satisfechas. El otro día, hablaba con una parte del equipo directivo de España de una de las principales empresas a nivel mundial, y me comentaban que llevaban un año dedicados a valorar todos los productos que habían desarrollado, para ver cuáles tenían sentido de mercado. Es decir, tenían productos desarrollados, tecnológicamente punteros, pero en algunos casos, el problema era que tenían dificultades en colocarlos en el mercado, porque resolvían muchos problemas, pero no siempre coincidían con los problemas que tenían las empresas.

Lección aprendida #2: partir de esa necesidad, y ampliar las opciones de la solución del problema
Una vez identificado un problema o una necesidad clínica real no satisfecha, se trata de encontrar una solución, de forma que se resuelva el problema o se satisfaga la necesidad. Pero no es necesario sólo quedarse ahí. Es factible ampliar lo que la solución puede hacer. Por ejemplo, ampliando el número de colectivos a los que puede dar servicio, o ampliando el número de funcionalidades que permite el servicio o tecnología.

Lección aprendida #3: “No hay innovación sin innovadores”
Es un cosa de personas, no de instituciones. Esta es la primera ley fundamental de la innovación, formulada por Alfons Cornella. Independientemente del sector, del tipo de organización o del producto, el factor definitivo para que la innovación tenga lugar es la energía de la persona innovadora. La innovación como algo abstracto no existe. La innovación es imposible sin un líder: alguien que se arriesgue y que ejecute la idea. Todas las innovaciones de productos y/o servicios y todas las organizaciones innovadoras siempre tienen lo mismo en común: un innovador detrás impulsando el proyecto. Vamos, que ya pueden caer todas las manzanas de tres cosechas, que si el señor Newton no está debajo…

Lección aprendida #4: es un oficio solitario
En el momento en que se te ocurre una nueva idea, estás en una minoría de uno. Tienes que convencer a todos los demás. O al menos, a una parte de ellos, por lo menos, a quien vaya a invertir en ello y a quien lo vaya a usar. Un repaso a la historia de la tecnología (ahora hay un par de libros excelentes al respecto) objetiva que siempre la introducción de novedades tecnológicas genera fricción. De hecho, cualquier cosa nueva genera fricción. El ser humano, en general, es por definición adverso al riesgo y al cambio.

Lección aprendida #5: sale mejor si trabajas colaborativamente
Se hace entre muchos. No existe el hombre renacentista en la innovación. Es algo colaborativo. El viaje con otros es más lento que el viaje solo. Comparto el proverbio africano que sintetiza la filosofía africana del Ubuntu: “Si uno quiere caminar rápido, tiene que ir solo. Pero si uno quiere llegar lejos, tiene que caminar en grupo”. ¿Cuál es la consecuencia de esto? Es fundamental desarrollar la virtud de la paciencia. Es un esfuerzo conjunto (entre muchos) y colaborativo (unos construyen sobre las ideas y los conocimientos de los otros). Y por ello es muy injusta: yo vengo hoy a presentar el resultado de un trabajo de mucha gente: médicos, ingenieros, proveedores, clientes, padres, niños… Es preciso reconoce el trabajo de todos. La innovación sólo es posible entre todos. Trabajar juntos aumenta la probabilidad de ganar juntos.

Lección aprendida #6: es un oficio desagradecido
La tasa de éxitos es baja: el número de ideas sobre las que trabajamos aplicando nuestras neuronas es alto, mientras que el pipeline de productos tiene actualmente 28 innovaciones. Aunque es baja, es más alta que la del capital riesgo (1 entre 10 ideas es el ratio esperado). ¿Cuál es la consecuencia de esto? Exige saber convivir con la asimetría entre esfuerzo y resultado, y con el fracaso. Es fundamental desarrollar la habilidad de "resistencia al fracaso". John Maeda siempre dice que la innovación es dura: todo el mundo tiene el "no" en la boca. De hecho, se llama in-NO-vación.

Lección aprendida #7: es un oficio arriesgado
Y ese riesgo hay que saber interpretarlo. A veces, es preferible esperar un poquito. Porque como dice el Dr. Claus Weyrich de Siemens "es cierto que el primer pájaro se come el gusano, pero no es menos cierto que el segundo ratón es quien se come el queso". No hace falta ser siempre el primero.

Cuando a mí o a alguien del equipo nos entra un ataque de vanidad o de importancia (una patología humana contra la que es difícil luchar), procuramos mirar a otros sectores de la economía. Siempre pienso lo mismo: ¿puede mi hospital identificar a sus clientes cuando llaman al hospital, como llevan ya varios años haciendo las compañías de taxi? ¿Puede mi hospital ofrecer determinados servicios para que los clientes no se tengan que desplazar, como por ejemplo hace ya desde hace varios años el Ministerio de Hacienda español para la declaración de la renta? Ambos ejemplos tienen más volumen de datos que gestionar de los que le toca a un hospital como el nuestro.

Eso quiere decir que no estamos en el siglo XXI. Que levante la mano el que crea que tiene un hospital del siglo XXI, en todas sus vertientes. Tenemos muchos hospitales con equipamientos médicos del S.XXI, pero no con procesos y servicios del S.XXI.

Si es usted un directivo, cabréese. Es fundamental para que el sector avance. Pero cabréese y haga algo: ¡INNOVE! Que después me pega el toque Valentín Fuster...

Jorge Fernández | Comentarios (0) | Categoría: Cambiando las conversaciones
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