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Enero 03, 2005

El paciente y la información que le damos

Imagínese que se va a comprar usted un coche. Por ejemplo, un Toyota. Y cuando llegan al concesionario, le dicen que la tasa de fallos en un coche Toyota es de “x”. Mi pregunta es: ¿le sirve para algo a usted este dato? Desconozco su patrón de consumo en cuanto a coches, pero a mí no me sirve para nada. Yo, quiero saber la tasa de fallos del Toyota Celica, la del Toyota Corolla, etc. Porque puede que mi decisión final, venga determinada por ese número (que le puedo asegurar, que es distinto).

Deje ahora de imaginar y vuelva a nuestra realidad. Va usted al hospital. Le tienen que realizar una intervención quirúrgica, y en el documento de consentimiento informado le indican que la tasa de mortalidad de esa determinada intervención es de “x”. Mi pregunta es: ¿le sirve para algo a usted este dato? A mí, no (además, seguro que aquí nos parecemos mucho más que a la hora de comprar un coche). La cifra que realmente me aporta información es la tasa de mortalidad del propio médico que me va a operar. Porque las tasas de mortalidad por intervención no vienen en un libro de tapa azul, con dibujitos de hospitales.

De aquí a no mucho tiempo, estaremos hablando de hacer ránkings de patologías por hospitales (hoy en día, este tipo de información circula, en forma del boca a oreja, de una manera muy subjetiva). Y de ahí a los ránkings de intervenciones por médicos esperemos que pase menos que lo que tardamos de poner un hombre en la Luna y ponerlo en Marte.

Jorge Fernández | Comentarios (0) | Categoría: Sincronizando talentos
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